Café y Libertad: El miedo al petróleo

EDITORIAL
 
 
Quizá sea por el sentimiento de “hacer lo correcto”, quizá porque los medios de comunicación y otros actores se han encargado de asustar y confundir a la gente, o en el peor de los casos, por desacreditar la ciencia y la economía con fines políticos definidos. Sea cual sea la razón los costarricenses se encuentran absolutamente consternados con los trámites que desea realizar una empresa petrolera para exploración y eventual explotación de crudo en la Zona Norte del país.
Dejando las pasiones de lado, es oportuno hacer un análisis objetivo del tema.


En primer término, es un deber aclarar que, contrario a las reacciones espontaneas de varias personas, esta empresa petrolera no está amparada por el TLC con Estados Unidos. En ninguna parte del tratado se hace mención a una obligación del Estado de otorgar concesiones petroleras a empresas estadounidenses. No obstante, el TLC abre una posibilidad para que el tema sea llevado a un arbitraje internacional, que aun así, debido a la legislación costarricense, la empresa perdería muy probablemente. Los gritos en contra del libre comercio no tienen ningún sustento, como tampoco los tenían contra la empresa canadiense Industrias Infinito.
Esto además está relacionado con el ambientalismo “sandía”. Verde por fuera, pero rojo por dentro. La triste realidad, y que se puede notar debido a diversos comentarios, es que las personas están enfrascadas en contra de la explotación petrolera, porque sería realizada por una compañía extranjera. Podrá la empresa ser capitalismo, o incluso del desdeñable corporativismo, pero lo que debería estar en discusión es la explotación en sí, no quien la realiza.
mas de 600 personas en contra de 774
El segundo punto le corresponde a aquellos que se oponen a la explotación del todo. Sin duda existen riesgos, pero incluso salir a la calle ya es un riesgo y de eso se trata la vida. Para razonar la realidad, se consultó con un geólogo y este nos da dos argumentos a considerar. Primero, las áreas de impacto son mitigables ya que son pozos y no una mina a cielo abierto. Y luego, existe mayor peligro en el trasiego de petróleo que se hace en Moín que en una extracción.
Finalmente, se ha de mencionar que por el momento no existe substituto viable al petróleo. En su debido momento el mercado lo sustituirá, como hizo con el cobre por fibra óptica durante el Siglo XX (o el carbón por el petroleo en el SXIX) . Pero debemos dejar de lado aquello que nos enseñaron en la escuela, de que esto es “bueno” y lo otro lo “malo”. Gracias a eso vemos como en una encuesta realizada en Internet por Instituto AMAGI, un 87% de los que respondieron se oponen a ella (muestra de 774 personas). La vida no es blanco y negro, sino que hay tonos de grises.

 Existe un riesgo, sí, pero la opción libre de inseguridad es volver a las carretas. Aunque bueno, de pronto no, ya que son hechas de madera y por ende se cortan árboles. 

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