Café y Libertad: Más debate acerca del futuro de la salud

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EDITORIAL
En AMAGI recibimos de manera positiva los aportes de todas aquellas personas que quieran manifestar su opinión y plantear soluciones a los problemas nacionales. Sin embargo, debido a malentendidos ocurridos por nuestra publicación de una encuesta que planteaba si la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) debía ser puesta a competir, la dirección de este Editorial desea aclarar la posición de la organización.
Es evidente que el sistema de salud en Costa Rica está colapsando (si no es que ya colapsó). Ahora bien, debemos ser muy sinceros en qué es lo pretendemos hacer, si salvar al sistema o salvar al asegurado. Para nosotros el sistema no es trascendente, se deben cumplir las necesidades del asegurado, no las de la administración.
Muchas personas se han referido a nuestra agrupación, con comentarios escritos de manera peyorativa, sobre nuestra propuesta de competencia y libre mercado en la prestación de servicios de salud. Lo primero que queremos precisar es que cualquiera de nuestras reformas inmediatas no significan dejar a las personas sin cobertura médica (eliminar la CCSS sería anticonstitucional), más bien nuestras ideas van desde vouchers para que los cotizantes compren su seguro preferido, pasando por eliminar los controles que encaren las medicinas o bien permitir a la gente utilizar un servicio privado después de cierto tiempo de espera. Sobre lo anterior nos han escrito acerca de la “inmoralidad” de comerciar con la salud, de lo cual ya hemos escrito en otras publicaciones y nos parece que es falso. A manera de resumen, AMAGI considera que de todas maneras el personal y el equipo médico debe ser pagado (nada se produce de gratis), por lo tanto ya existen el lucro y el comercio en este sector; nosotros solo queremos ampliar las posibilidades de comprar y vender servicios para que los precios y la calidad mejoren. Incluso nos llama la atención que la comida también es un bien necesario para la supervivencia, aunque en este caso sí es moral que esta se comercie (desde supermercados hasta pulperías), y además vemos qué sucede de lugares donde no hay comercio, como Cuba.
El siguiente punto que es importante rectificar se refiere a lo que se ha denominado como “sistema solidario”. AMAGI sostiene profundamente que la solidaridad es un acto voluntario, ergo, no se encuentra en la coerción estatal. El uso de la palabra “solidaridad” ha sido pervertido por políticos populistas, que para mantener o introducir sus ocurrencias la han utilizado como coartada con la población. También destacamos, como lo hemos hecho en otros medios, que no hay nada de solidario en levantarse a hacer fila a las cuatro de la mañana cuando a los costarricenses se les ha extraído, de manera forzosa, un 10% de su salario. Argumentar que el sistema es “solidario” no solo es equivocado, sino perverso, ya que al parecer una palabra justifica cualquier cosa.
Lo que sucedió con la CCSS era previsible, sus administradores no tienen nada que perder, por lo que no importa en realidad cuánto gastan o cómo recaudan. Es claro que cuando una persona utiliza el dinero de alguien más en alguien más, por más que tenga las mejores intenciones, no se va a ver tan incentivada a rendirlo como si fuera propio. Es crucial que la población entienda que ellos están pagando un servicio de forma obligatoria, por lo que deben exigir que les brinden mayores espacios de libertad y elección personal.

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