Café y Libertad: Más impuestos y gastos no son solución

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Editorial
Instituto AMAGI
Con gran esperanza en noviembre del 2008 se eligió a Barack Obama en el cargo de presidente de los Estados Unidos. Obama recibió un país quebrado por la guerra y la irresponsabilidad fiscal, un sector empresarial sin confianza y un desempleo del 7.6%. Después de dos años y medio de gobierno, Estados Unidos sigue igual o peor. Al mismo tiempo en Costa Rica, el entonces Presidente Óscar Arias salió a revelar su “Plan Escudo” contra la crisis económica. Bajo este famoso plan los gastos del gobierno se dispararon mientras los ingresos fiscales decrecían, dejando atrás aquel pasajero superávit que la nación experimentó en el 2007.
Tanto en Estados Unidos (país que ejerce una fuerte influencia a nuestra economía) como en Costa Rica hemos gastado a manos llenas. Bien es hora de preguntarnos, ¿qué obtuvimos a cambio? Fácilmente nos aventuramos a decir la verdad: NADA.
Sin embargo, los políticos -sin importar ideología o partido- que apoyaron estas medidas a nivel mundial, hoy se están jactando de sus logros. Sí, es claro que lograron deudas públicas insostenibles que terminaron quebrando a sus países. Es claro que en países como España consiguieron un desempleo superior al 20%, en Estados Unidos hoy ronda el 9%. Es claro que los jóvenes hoy tienen incertidumbre acerca de su futuro.
Esos mismos son los que salieron a criticar a quienes se oponían a aumentar el techo de la deuda de Estados Unidos. Los tacharon de “imprudentes”, “necios” y “radicales”. No obstante, es de admirar a aquellos representantes que votaron en contra. No hay de “imprudente” o “radical” en haber solicitado una solución efectiva al problema fiscal, lo realmente imprudente es continuar con esta clase de políticas desastrosas que se prueban fallidas una y otra vez.
Como si fuera poco, en estos momentos tan tensos para la economía, la Presidenta Laura Chinchilla nos sorprende con su célebre paquete impositivo para enmendar el desorden de su antecesor. El solo anuncio de esta odiosa reforma, titulada cínicamente “Solidaridad Tributaria”, causó malestar en el sector privado, el verdadero generador de empleo en una sociedad libre. Y no estaba de más la reacción, esta reforma penaliza a los usuarios de educación y salud privadas, que a duras penas no se quedaron en un sistema estatista colapsado. Les hace la vida más difícil a aquellos empresarios que difícilmente hacen presupuesto a final de año debido al pago de aguinaldos, impuestos y otros gastos extraordinarios, todavía les recetan un impuesto único de doscientos dólares ($200). ¿Cree la presidenta que así genera empleo?
AMAGI se manifiesta en contra de todo lo anterior y llamamos a un cambio urgente de política económica. Como se pudo observar el gasto público expansivo no ha tenido ni un solo fruto positivo. Es hora de probar lo que en realidad funciona, eso es la desregulación y simplificación burocrática, la disminución de impuestos y dotar de confianza al sector productivo para que se dedique a lo que mejor sabe hacer. Por otro lado, la política fiscal debe concentrarse en la reducción de la deuda por medio de un presupuesto balanceado, recortando gastos hoy; no deteniendo el nivel de crecimiento del egreso de mañana.
El párrafo anterior es el camino para una sociedad libre, productiva y de individuos autosuficientes, empoderados para tomar sus propias decisiones. El camino que se ha venido siguiendo es el de una sociedad estatista, colectivista, donde los empresarios no son emprendedores, sino ejecutores de los planes del Estado.

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