¿Capitalismo salvaje o mercadofobia?

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Por Daniel Schuster
Editorialista del Instituto AMAGI
He notado que en el país la gente no tiene la más mínima idea de cómo funciona el capitalismo o qué es en sí. Gracias a esa desinformación y el aprovechamiento que le dan los grupos “anti-sistema” (no les gusta el sistema porque no es lo suficientemente controlador para ellos), decir que uno es capitalista abiertamente resulta en asombro y terror por parte de muchos.
Lo primero que valdría la pena aclarar es que en Costa Rica, a pesar de tener un mercado, propiedad privada y un cierto grado de iniciativa individual, no tenemos capitalismo. ¿Por qué? Bueno, basta con ver las ochocientas instituciones públicas que tenemos “regulando los excesos del mercado”, los trámites ultra burocráticos, los impuestos exagerados, la mediación estatal en los contratos entre privados, la disposición “social” de la propiedad privada, entre otras cosas, sumado claro a que en Costa Rica quién elige los ganadores y perdedores no es el consumidor, eso jamás, es el gobierno.
En Costa Rica tenemos una mezcla licuada entre el mercantilismo que Adam Smith criticó hace 200 años, el corporativismo de Mussolini, un socialismo light y no podía faltar una buena porción de clientelismo político. Ese es nuestro sistema económico, al capitalismo nunca lo hemos tenido por acá. En este pequeño país para emprender no hay que vender el mejor producto, tratar mejor al cliente u ofrecer un nuevo servicio; para emprender hay que ser amigo del gobierno o al menos causar lástima.
En fin. ¿A qué vino todo esto? La Nación publicó recientemente una nota titulada: “Grandes cadenas van tras los clientes de pulperías y minisúper”, los enemigos de la libre empresa no tardaron en saltar con sus consignas. Hablaron desde que esto era un monopolio, hasta que era el resultado inminente del capitalismo salvaje promulgado por los diversos seres más bastardos del planeta. Muchos de ellos hablaron de que eso era competencia injusta y que había que competir en igualdad de condiciones. Bueno, definitivamente aquí sobran muchos ejemplos donde el gobierno mueve sus fichas para que unos tengan más fáciles sus negocios, pero este no es un caso.
¿Exactamente a que se refieren con igualdad de condiciones? Supongamos que yo sea malo jugando futbol, teniendo esto en cuenta igual decidí aplicar para formar parte de un equipo. Durante la prueba hay gente mucho mejor que yo, lo cual probablemente me deje fuera del equipo; sin embargo, para que yo pueda competir en igualdad de condiciones, a los que son más buenos que yo les amarran una bola de metal a la pierna. ¿Es eso competencia justa? Claro que no, sería forzar una igualdad artificial, todos somos buenos en algunas cosas y malos en otras, eso es precisamente la esencia de la competencia.
Esta competitividad no tiene nada de salvaje, en el capitalismo, yo soy el que decido que vender, que comprar, a quién, por cuánto, en dónde y cuándo. En el estatismo disfrazado de mercado que practica Costa Rica, eso parece que es rol del gobierno, en otras palabras, un funcionario que no me conoce ni sabe lo que necesito va a planear mi vida. Este tampoco es el fin de las pulperías ni de los minisúper, ya que hay distintos mercados, muchos prefieren tener un trato más preferencial, otros comprar rápido y cerca, otros comprar barato, hay modalidades para todo. De igual manera es poco viable para las grandes empresas poner sucursales en cada barrio, los costos administrativos para ellos son muy superiores por ende no habría una ganancia que valga la pena.
Cabe destacar también que en caso de que algunos consumidores prefieran comprar a mejor precio, significa que tienen más dinero en sus bolsillos. Parafraseando a Frédéric Bastiat, las empresas que pueden quebrar es lo que se ve, las nuevas empresas que surgirán de los gastos de ese dinero extra es lo que no se ve. En otras palabras, a pesar de que puede haber perdedores eso no significa el fin, con más dinero los compradores buscaran nuevas formas en que consumir su sobrante y desde allí se puede emprender.
En lo personal no veo nada de “salvaje” en esto, es competencia, de lo poco del capitalismo real que se puede encontrar en el país. ¿O queremos que el gobierno nos proteja de la competencia? ¿Será que otros empresarios ya dejaron el esfuerzo propio atrás y se unieron a las filas clientelistas de Conarroz? Si es así, es lamentable para la libertad económica en Costa Rica.

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