Crónicas del cambio

David Rodríguez Suárez
Vicepresidente del Instituto AMAGI
‘¡Patria, Socialismo o Muerte!’ decía Fidel Castro un 5 de marzo. Otro 5 de marzo había fallecido en la Unión Soviética Joseph Stalin. Pero este 5 de marzo del 2013 sucedió algo inédito; el gobierno venezolano por fin comunicó el fallecimiento de Hugo Chávez.
Su muerte lamentablemente pareciera la única forma en la que alguna vez iba a dejar el poder. Una persona que en 1999 cambió la constitución para darse total libertad en su mandato; una constitución que incluso el violentaría años después. Venezuela lloraba angustiada al ver que el régimen mantenía las cadenas que someten a este bello país mientras que una historia poco creíble sumada a imágenes editadas eran el único veredicto que estaban dispuestos a proporcionar.

La muerte de alguien pocas veces trae felicidad pero este 5 de marzo vi algo inusual, no sólo en mi persona sino a nivel social. Vi la noticia en redes sociales dado que cientos de amigos celebraban la caída de un dictador. He de ser muy honesto que yo en lo personal también lo hacía. Llamaba a mis amigos de pensar similar, veía a amigos venezolanos brincar y abrazarse. No podía evitar decirlo con una voz fuerte al hablar por mi teléfono celular esperando así que las personas a mi alrededor lo escuchasen: ‘‘Hugo Chávez se murió’’.

Pocas veces pasa que la muerte trae tanta algarabía a las personas, y cuando la misma hace esto y se trata de un líder político; uno sabe que está en presencia de un evento histórico.

El señor Chávez Frías prometió al tomar el poder que en el 2013 cuando dejase de ser presidente (aunque su plan frustrado eventualmente fue seguir por otros cinco años más) Venezuela ya no tendría pobreza. Inmediatamente revise las estadísticas y Venezuela hoy tiene un 31% de personas que viven bajo la pobreza; esta estadística me atrevería a sugerir probablemente esté maquillada. Pero no quiero ser escéptico de un gobierno que sacó imágenes editadas de este señor, inventó historias, acusó a EEUU de haberle dado el cáncer a Hugo Chávez y que incluso en una conferencia el mismo día de su muerte; su amigo Evo Morales narraba las conversaciones (evidentemente ficticias) que había tenido con su colega venezolano.

Posteriormente me llegaron los reportes, Chávez Frías había acumulado un total de $2.000.000.000. Inmediatamente los líderes de las naciones de la región expresaron su dolor. En Argentina, la presidenta declaró tres días de luto nacional dada la pérdida de vida que tuvo el hombre que le dio la receta para el desastre económico que hoy aqueja a dicho país. La presidenta de mi país llamó a la unión de los venezolanos ante esta tragedia; recordándome porque nunca tan si quiera consideré votar por ella. E incluso Sebastián Piñera (un hombre al que si le tengo respeto) declaró tres días de luto nacional. Lo cierto es que esta diplomacia es entendible hasta cierto punto pero sin duda me recordó que el Estado miente y es en sí el ente mentiroso del que Nietzsche alguna vez habló.

El futuro es incierto, pero se supone que 30 días posteriores a la fecha póstuma, Nicolás Maduro tiene que convocar a elecciones. El escepticismo propio de los eventuales resultados es evidente puesto que el tribunal de elecciones venezolano es rotundamente parcial. Pero al menos pareciera que seguirá Maduro este camino en lugar de oficializar la junta militar.

Pero los latinoamericanos como yo, que estamos pendiente día y noche de lo que sucede políticamente en nuestra región. Sabemos que la muerte de Hugo Chávez indica que el derrumbe socialista de la región a partir del 5 de marzo se oficializó.

En las lágrimas del venezolano expropiado, en la sangre del estudiante venezolano torturado y en la voz quebrada de la madre cuyo hijo fue desaparecido por oponerse al estatus quo. Brilla ya la luz de un sol saliente que promete a toda luces que Venezuela algún día volverá a ver la algarabía imperar en esta bella nación.

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