El rechazo al liberal

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Por: Diego Segura Cano
Columnista del Instituto AMAGI

Tomo gratuitamente, sin detenerme a analizarlo o recordarlo, una cita de José Ortega y Gasset:
La masa arrolla todo lo diferente, egregio, individual, calificado y selecto. Quien no sea como todo el mundo, quien no piense todo el mundo corre riesgo de ser eliminado.
El contexto de enunciación de la frase no me interesa pues desviaría el hecho que deseo recalcar, me valgo de Ortega y Gasset simplemente para tener un asidero, un punto firme en las palabras de otro desde donde poder argumentar. Qué es la masa no me interesa discutirlo en esta columna, sólo deseo retomar el asombro e indignación que manejaba el filósofo español ante la posibilidad de ser eliminado por la masa. Tal eliminación, se deja ver en las dos oraciones, viene de la discrepancia. Quien piensa diferente corre el peligro de ser eliminado.
Esto me ha dado qué pensar sobre la situación de los liberales en Costa Rica hoy en día. Estoy completamente seguro que de todos los grupos políticos que actualmente se encuentran en el país, y en mayor o menor medida ofrecen sus opiniones al público en general, ninguno toma actitudes tan radicales, tajantes, como la juventud liberal. Antes era común ver en los grupos llamados de izquierda las tendencias más beligerantes, más combativas, más diferentes, egregias. Actualmente no son ni el fantasma de una posición contestataria, sea una contestación a lo que sea. Aquellos grupos que entraron en la arena electoral y han alcanzado puestos legislativos, más que posiciones inteligentes y discrepantes, han asumido el derecho al berreo, a la negación irreflexiva. Aquellos otros grupos, más bien grupúsculos, que en la “clandestinidad” (pues ellos lo creen así) exponen sus ideas radicales y revolucionarias, viven estancados en discusiones absurdas. O acaso no es absurdo preguntarse cómo será la revolución, cuando una revolución socialista no podría ser más que una macabra fantasía.
Pero esta situación de la izquierda es predecible. Acusan a los recientes de gobiernos de seguir modelos neoliberales, de favorecer a la empresa privada y de vender el país a las transnacionales. De lo que no se dan cuenta es que los gobiernos de Costa Rica colindan mucho más con ellos que con posiciones liberales. La socialdemocracia ha marcado toda la existencia nacional. Ellos, que se dicen contestatarios no son más que mantenidos por la socialdemocracia, una socialdemocracia que aumenta el empleo público irresponsablemente y poco a poco los va adhiriendo al Estado. Y no me digan que no. Cuántos adeptos de la izquierda he visto todos los meses salir a sus bares oscuros con el dinero que el día anterior el Estado les depositó. Cuántos adeptos de la izquierda no he visto yo hacer filas en el servicio civil esperando obtener un puesto, para luego sindicalizarse, volverse ineficientes, yendo a huelga, y en el fondo saber que tienen la vida resuelta pues el Estado y la clase política a la que critican son los mismos que sostienen su estilo de vida. Eso no es contestar nada, eso no es tener una posición coherente, eso no es ser revolucionario. Ahí veo yo a profesores pensionados de las universidades estatales armar su grupúsculo de izquierda a los cuales les incorporan un adjetivo novedoso en el nombre. Sostienen que Marx está más vivo hoy que nunca, y no piensa que los cuatrocientos dólares que les costó la colección en varios tomos de El Capital los obtuvieron porque el Estado les da su pensión. Y a ese mismo Estado lo critican, lo acusan, y en sus sueños más dementes piensan en tomarlo.
La radicalidad de la izquierda no es más que una pantomima. Pero ahí es donde uno puede volver la vista a la juventud liberal. Mientras la izquierda critica el Plan fiscal en tanto tiene impuestos regresivos, no cuestionan el tema de fondo, de cómo tal aumento en los impuestos irá hacia la ineficiencia más absoluta financiando un Estado paquidérmico. Pero ellos no lo ven, obviamente, verlo sería falsear sus mismos trabajos. Ellos ocupan “que los ricos paguen como ricos” pues si no fuera así, perderían sus empleos en las universidades y en los ministerios. Por su lado la juventud liberal toma la posición más radical: se niega, decide ser diferente en todo el sentido de la palabra y no se va por caminos intermedios ni queda en medias tintas. Mientras quienes pertenecen a la izquierda reclaman a los ministros del presente gobierno que subvaloren sus propiedades para pagar menos impuestos, y exigen que paguen lo que deben, los liberales toman una posición más clara: que paguen como deben, pero que salgan de sus puestos. La izquierda sabe que ser tan combativa no le puede ayudar en su entronque vitalicio con el Estado.
Menciono estos puntos por ser los más recientes. Pero insisto: no existe actualmente en este país grupo más radical y tajante en sus opiniones que la juventud liberal. Es esta juventud lo “diferente, egregio, individual, selecto”. De ahí no sorprende la gran cantidad de ataques inocuos que nos dirigen, ya Ortega y Gasset sabía que quienes asumen esa posición frente a la masa manejan la posibilidad de querer ser eliminados.

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