La democracia perfecta de Hugo Chávez

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Por: Diego Segura Cano
Columnista del Instituto AMAGI


Les cuento que yo estudié sociología, y entre todas las experiencias que uno puede obtener de tal carrera es que lo anden jaloneando a mil y una conferencias. Y como en aquel entonces le decían a uno jale y se respondía bueno, yo iba a toda aquello que me dijeran. Mala costumbre de sociólogo.

Hoy quiero reseñar unas (porque fueron varias) de estas conferencias a las que terminé llegando. En ese tiempo me encontraba empadronado en la Universidad Nacional, yo era un tipo normal, viajaba en bus, jalaba libros que estaba leyendo y tenía  mis amigos a la par de los que me sentaba en clase. Literalmente un tipo normal. Pero hubo un día en que esta historia comenzó, me acuerdo bien. El profesor llegó y dijo algo así: “Hay una conferencia sobre el ALBA, tema que me parece muy importante por la importancia que reviste”. Y como estábamos en su horario de clase, luego de que nos dijo que éramos libres de ir quienes quisiéramos, pero quienes no fuéramos podríamos tener ciertas consecuencias indeseables en el curso, terminamos participando en la mentada actividad. Con sólo llegar el ambiente se volvió alucinante. Para quienes no sean de Costa Rica les menciono que el color que identifica a la Universidad Nacional es un color rojo fuerte. Así que cuando llegamos al auditorio, manteles y todo lo demás de rojo, hasta dolía la vista. Muchos señores que superaban los 50 años, casi que nosotros éramos los únicos estudiantes. Fuera del auditorio ya estaban ubicadas las personas encargadas de servir el vino y los bocadillos al finalizar el evento.

Me senté, no hablé y me puse a esperar qué sucedía. Luego de múltiples presentaciones empezó lo duro y el primer orador fue hilando el argumento. Pero lo que me sobresaltó fue cómo el público le impedía hablar. Cada vez que decía ALBA se alzaba desde los asientos un “¡Eeehhhhh!” y salían aplausos y algún que otro ‘pachuco’ olvidando que estaba en la Universidad se desoxigenaba silbando. Luego cuando decía “¡República Bolivariana de Venezueeeeelaaaaaaaaaaa!”, se levantaba otro “¡Eeehhhhh!”, más aplausos, y ya los silbidos parecían salidos del mismísimo estadio nacional. Luego el orador, ya emocionado por su capacidad de movilizar masas, soltaba como grito de batalla: “¡SimóooooooonnnnnBooooolívaaaaaar!”. Y ni para qué contarles el zafarrancho que se armaba. Luego vino el segundo orador, y usó más o menos la misma táctica, y fue agregando los grandes logros de la ‘‘¡Revolucióooooonnnnnbolivarianaaaaaa!’’ E imagínense cómo estaba el ambiente, parecía una fiesta. Ese día perdimos 4 horas de clase. Días después se volvió a realizar una de estas actividades, sólo que esta vez llegaron además unos tipos de Cuba, e igual fue un fiestón. Volvimos a perder clase, y yo creo que otra tercera vez volvimos a perder lecciones. El asunto más o menos fue acabando cuando un día otro profesor, que era mucho más pensante que el que nos llevaba a las conferencias, se paró de uñas y dijo que qué era ese relajo, que nosotros íbamos a la universidad a recibir clases, que por eso pagábamos y que lo nuestro no era andar en esas actividades que nada aportaban. Hubo roces en la unidad académica, lucha por lo bajo de los escritorios universitarios, y el profesor pensante quedó tachado como un derechista posmoderno. Ninguno de los dos da clases actualmente en la universidad. Lástima por el profesor pensante. De fijo si algún amigo o amiga está leyendo esto va a irle al profesor no pensante con el chisme de que digo que él no es pensante. Ante tal caso perdonen los lectores pero voy a saludar: “Hola profe, ¿todo bien? Si no se acuerda de mí, búsqueme en Facebook”.

Bueno, para quienes esto leen ya se les debe haber ocurrido que él aquí -en aquel entonces ingenuo- escribiente anduvo enredado en actividades del Partido Socialista de la República Bolivariana de Venezuela en Costa Rica. Obvio éramos los únicos estudiantes, los demás me imagino eran señores del Partido o simpatizantes, y tales reuniones eran financiadas por la misma Universidad Nacional, en la Facultad de Filosofía y Letras vía la Cátedra Itinerante Simón Bolívar (nadie me puede negar que algún ser humano acaba de sentir donde le dejé ir la estocada entre las costillas).

De esas actividades, si no me equivoco, salí panfleteado. Si no cómo se explica que yo tenga tanto panfleto con la cara de Hugo Chávez en mi biblioteca.
En fin, he agarrado los panfletos y me he puesto a leerlos. Les soy sincero, nunca los había leído.  Me parece buen momento de leer los panfletos, y de leer más estudios sobre Venezuela y sobre Hugo Chávez, tomando en cuenta que el día de mañana se cumplen 13 años desde que Chávez se encuentra en el poder, apropiándoselo indefinidamente mientras sostiene en sus discursos la dirección de una democracia ejemplar. Y el sábado se cumplen 20 años desde el primer intento armado de Chávez, el “día de la Rebelión”.

Sin duda para Hugo Chávez la democracia que ha llevado a cabo es perfecta, debe considerar que la creación del Partido Socialista Unido de Venezuela ha sido un avance democrático. Cuando Chávez proponía la creación de este partido socialista único argüía de la siguiente manera su negativa de crear un frente: “Lo que pasa es que si se construye un frente, allí cada partido mantiene su identidad: que si el color mío es éste, y el color del otro es el otro… Que si las siglas… Que si yo tengo tal posición frente a tal cosa, y el otro tiene otra posición” (Hugo Chávez en El discurso de la unidad el 15 de diciembre de 2006). Así, sencillamente, Chávez iba argumentando, convenciendo y solidificando una tendencia de pensamiento único, en donde hasta a los demás partidos de izquierda les negaba su identidad, su capacidad de discrepancia y de opinión.

Más adelante, en el mismo discurso mencionado, el presidente venezolano decía lo siguiente:
“Por otra parte, un partido nuevo necesita nuevos rostros. ¿Cómo quedaríamos ante la historia si mañana o pasado mañana hacemos un supuesto partido, un frente, y resulta que aparecen aquí, en esta mesa, las mismas caras de siempre, las mismas direcciones de los partidos que ahora existen. Se trataría entonces de una simple suma de lo que ya existe, ¿sería ese el nuevo partido? No debería ser así, ¡eso sería un engaño!”.

Y el engaño fue propuesto por el mismo Chávez cuando en “‘Hacia un nuevo marco histórico’ Proyecto de Reforma Constitucional propuesto por el Presidente Hugo Rafael Chávez Frías” solicita que el artículo 230 de la Constitución rece de la siguiente forma:

“El período presidencial es de siete años. El Presidente o Presidenta de la República puede ser reelegido o reelegida de inmediato para un nuevo período”

Claro, muy progresista Chávez con su uso del lenguaje inclusivo, de ellos y ellas, pero al mismo tiempo, además de que extendía el período presidencial un año adicional daba la posibilidad de la reelección eterna, pues en ningún momento se restringe la cantidad de reelecciones posibles por una misma persona. Y es con esta propuesta de artículo constitucional, con la misma cara, que Chávez sostenía la necesidad de nuevos rostros dentro del nuevo partido, dentro de su nueva democracia perfecta. Son tan amplias las inconsistencias tanto teóricas como prácticas por parte de la Revolución Bolivariana y su dirigente, que si me dedicara día a día a mencionar una de ellas puede que llegara a agotar una vida larga y próspera. Hugo Chávez ha logrado hacer creer a muchos cómo su democracia es prácticamente perfecta o en proceso de perfección, ya sea por su énfasis en el Pueblo, en las bases, en los indígenas, en la inclusión, etc. Para mí por lo menos, en estos 13 años en el poder no ha hecho más que alejar a Venezuela de un camino democrático en donde todos los seres humanos sean ciudadanos libres y con derechos.

Viéndolo en perspectiva, es posible que aquellos señores que vi en la Universidad Nacional, aullando, aplaudiendo y silbando por la República Bolivariana de verdad hayan creído y crean hoy a pies juntillas cómo en Venezuela se está gestando una nueva realidad mejor a las actualmente existentes. Sería bueno realizarles otra conferencia –sin financiamiento estatal- en donde se discutan las perspectivas, vivencias y opiniones de todas aquellas personas que viven fuera de Venezuela porque no admitieron un gobierno que los eliminara como individuos, que viven autoexiliados porque no aceptaron “la democracia perfecta”.

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