La mentira de los dos ídolos

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Por: David Rodríguez Suárez
Director de Comunicación del Instituto AMAGI
La política en Costa Rica ha tenido desde el siglo XX dos ídolos: Rafael Ángel Calderón Guardia y José Figueres Ferrer. Ellos dos nos dejaron dos legados: el asesinato a mano fría de las libertades económicas y el maquiavelismo imperante en nuestro sistema político.
En Liberty Defined, Ron Paul dijo sobre el famoso y quebrado ‘medicare’, que él no lo desfinanciaría pero que si pudiese ser congresista en el tiempo de su creación votaría con un rotuno no. Es igual con las garantías sociales de Calderón Guardia, se trazaron los inicios del Estado Benefactor; enemigo de la libertad que mediante impuestos ‘redistribuye la riqueza’. Inclusive tal carácter tenían dicha reformas que el Partido Comunista de la época estaba perdiendo su causa porque el gobierno republicano de Calderón estaba llevando a cabo las reformas por sí solo. También creo la afamada Caja Costarricense del Seguro Social; que si bien es cierto ahora muchos dependen de ella, el principio de Ron Paul aplica para la misma. Calderón Guardia había observado el auge de los Estados Benefactores en Europa y no dudo en traernos esa enfermedad acá. Sobre las garantías sociales Calderón exclamó:
‘‘Creemos que para asegurar las bases de la paz futura del pueblo costarricense, es necesario consignar en la Constitución el principio que crea los seguros sociales como un derecho inalienable de los trabajadores, administrado por la Caja Costarricense del Seguro Social. Ese principio, junto con el que crea el salario mínimo, la jornada máxima de ocho horas, el derecho de sindicalización para patronos y obreros, la protección del anciano, la madre y el niño como un deber social del Estado, y todas aquellas otras medidas que el Poder Ejecutivo considere justas para levantar el nivel espiritual, moral y físico de las clases trabajadoras, formará parte de un proyecto para un nuevo capítulo de la Constitución que se llamará de Garantías Sociales. ’’
Por lo tanto Costa Rica ahora tenía el malicioso salario mínimo (propio de su Código de Trabajo), seguridad social insostenible y para finalizar el inicio de lo que luego se convertiría en una tradición de sindicatos; que le ha hecho tanto bien a Costa Rica (noten que esto debe ser tomado como algo sarcástico). Sin embargo las reformas de Calderón por malas que fueran serían seguidas por unas reformas de índole parecidas.
José Figueres Ferrer llegó al poder por las armas luego de una Guerra Civil; en su Junta Fundadora nos dejo un legado que hasta el día de hoy nos sigue perjudicando: consolidó las Garantías Sociales de su archirrival (no es ironía ya que ambos piensan parecido), Nacionalizó la banca por lo cual yo lo llamo incluso comunista al expropiar propiedad privada y creó el Instituto Costarricense de Electricidad el cual es un monopolio que hace menos eficiente la producción y distribución de la electricidad y cualquier otro servicio que intente dar, también su abolición del ejército fue motivada por los pensamientos de Enrique Guier quien algunos dicen que era liberal (sin mencionar que sus motivaciones eran de consolidación del poder). Cuando el cede el poder a Otilio Ulate; no tardaría en optar por el mismo al ser elegido en 1953; el legado de su nuevo gobierno sería igual de triste: Instituto Nacional de Vivienda y Urbanización, Consejo Nacional de Producción, ampliación de programas de salud y Junta de Defensa de Tabaco. Y en su segundo mandato nos dejó aun mas instituciones: Instituto Mixto de Ayuda Social, creación del Ministerio de Cultura, nacionalización del ferrocarril al atlántico, Instituto Nacional sobre Alcoholismo, etc.  Su legado fue un Estado Benefactor e interventor en la economía nacional. Si bien es cierto esto pareciera un simple recuento histórico es importante darlo. Nuestro sistema institucional es innecesario y contraproducente; por no decir insostenible.
Ya que hemos hecho un recuento de las maravillas que hemos heredado de las dos grandes caras de la política costarricense; veamos su legado político electoral. Calderón optó por aliarse con los comunistas con tal de mantener el poder (y bueno puede que incluso compartiera ideales), le falto a su palabra a su ‘padre político’ León Cortés e incluso exilió a muchos opositores (grave error de cualquier mandatario sino me creen pregúntele a Batista). Y Figueres Ferrer o ‘padre de la Segunda República’) dio lugar a una guerra civil de nefasta consecuencias con tal de llegar el al poder, cuando la fraudulencia de las elecciones que él decía defender eran de legitimidad dudosa y esta guerra dieron lugar a un gobierno inconstitucional de Figueres por dieciocho meses. Figueres siguió el estilo de Tinoco; pasó de fomentar actos ‘terroristas’ a mediados de los 40s a tomar el poder por la fuerza. Calderón y Figueres les enseñaron a todos los políticos nacionales que el fin justifica los medios; yo no comparto ni el fin de ellos ni sus medios.
 No deseo yo dedicarme a escribir lecciones históricas por que serían extensas y algunos cuestionarían mi conocimiento histórico nacional; sin embargo hago este breve recuento de las administraciones de dos ídolos de la historia política nacional. Como costarricense fui educado con una educación cívica que rescata a estos dos ídolos que por parte de mi vida dominaron la escena política y los discursos de las batallas electoral entre el PLN  y el PUSC. Afortunadamente luego de leer y entender las reformas de ambos; se que ninguno es un ídolo para mí en cualquier sentido de la palabra; ambos hicieron de nuestro presupuesto una carga, de nuestros servicios un monopolio, y de nuestros impuestos algo progresivo y constante. Hicieron de nuestra sociedad, un conjunto de individuos adictos al Estado. Crearon una sociedad enviciada con creer que todo debe ser regalado. Implantaron en nuestra economía y sociedad el cáncer de la dependencia; y aun así muchos dicen admirarlos. Yo no creo en tabús y nunca lo hare; estos dos ídolos tienen que ser rediscutidos.  

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