¿Por qué las personas en riesgo social, siguen siendo un tema sin resolver?

Categorías Asdrúbal Vargas
Por Asdrubal Vargas
Coordinador AMAGI.
Después de décadas en que nuestro país, ha mantenido gobiernos de tinte socialista, es muy extraño que los mismos que siempre enarbolan el tema de las desigualdades sociales, no hayan acabado con el mencionado tema y que sean por otro lado, los individuos quienes sigan en las mismas condiciones sufriendo por causa de los populistas de turno.

Ahora bien, ¿Debería la ciudadanía preguntarse el hecho del por qué no se resuelve y sigue siendo un tema latente en el diccionario político el tema del riesgo social?

Es constante que escuchemos de foros o debates, las diversas discusiones que se tejen en torno a este tema. Diversas ópticas, incluidas desde luego la de los representantes del Estado, son las que adornan las anteriores actividades. No obstante, se sigue optando por la vieja receta socialista y sus diversas ramificaciones para solucionar este problema ya que, la misma goza de gran simpatía al hablar de justicia social, igualdad de oportunidades y mejor distribución de la riqueza.

Sin embargo, es de suma importancia recordar que entre las grandes contradicciones del socialismo, podemos encontrar que al hablar de solidaridad y apoyo social la tarea le es endilgada al Estado, esto no es verdadera solidaridad. La verdadera solidaridad no es coaccionada, es voluntaria.

Pero, al anterior ente jurídico se le observa como responsable de solucionar la problemática de los anteriores sectores mencionados, todo ello, a costa de los contribuyentes que mediante sus impuestos se ven obligados por ley a aportar a los planes de beneficencia del mismo y no así a los propios individuos. Lo anterior, no es una medida de justicia social y solidaridad con estos grupos, sino una forma más grave de desinterés, no sólo con estos sectores vulnerables sino además, con quienes se ven obligados a destinar de sus recursos a estas causas.

Ante la propuesta liberal, muchas críticas surgen al ser escuchada. Entre ellas encontramos que, el individualismo provoca en la sociedad un sentimiento egoísta donde las personas que la componen priorizan sus necesidades, llevándolas poco a poco a un distanciamiento con los focos de población más vulnerables.

En una sociedad donde se aplique el libre mercado, los individuos pueden disponer de sus bienes, recursos y tiempo como mejor les parezca, propiciando con ello su propio beneficio individual y de una u otra forma incentivando el beneficio de la sociedad en general. Esto se traduce en precios más accesibles en la canasta básica, precios más estables y mayores opciones laborales, entre otras.

Como podemos analizar, se benefician un mayor número de personas en comparación con la elección de grupos específicos de la sociedad para beneficiarlos a costa de los demás. La ventaja del libre mercado además, le otorga lugar a todas las iniciativas que el individuo quiera realizar para buscar su propia felicidad. Se debe anotar que lo anterior, propicia un verdadero sentimiento de solidaridad al ser directamente una contribución de persona a persona, siendo esto también una acción del individuo para su propio beneficio y bienestar que en este caso es la satisfacción de ayudar a las demás personas de forma voluntaria.

La diferencia entre “hacer el bien” de forma voluntaria y “hacer el bien” de forma obligada es que, el bien voluntario constituye una acción que la persona decide emprender con el fin de dar una ayuda específica según sus recursos, y el bien obligado constituye una acción que el Estado emprende para beneficiar a un grupo específico de la sociedad con los recursos de los demás.

Entender este atropello como una acción común y socialmente aceptada es sumamente peligrosa para todos, de la misma forma podría entenderse como un “bien obligado” que una persona de bajos recursos amenace con quitarnos nuestras vidas a cambio del dinero de nuestra billetera, sólo por el hecho de no poder generar recursos propios. ¿Consideramos esto justicia social?

Las necesidades latentes de estos grupos marginales seguirán sin resolverse mientras estos se vean obligados a depender del Estado y no puedan desarrollarse por sus propios medios. Podemos entender que, que no hay mejor política social que una adecuada política económica de libre mercado.

Si realmente alguna persona desea contribuir a brindarle mayores oportunidades a estos sectores, invito a que antes de pensar que puede hacer el Estado por ellos, piense de qué forma puede ayudar usted a estos sectores de una forma voluntaria, y pasar así de las palabras a los hechos.

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