Ser neoliberal: ese mito inservible

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Por: Diego Segura Cano
Columnista del Instituto AMAGI
A los liberales nos dicen muchas cosas, la mayoría son negativas. Doy una breve lista sólo por ejemplificar: fachos, ‘fascistoides’, derechistas, defensores del capitalismo salvaje, amigos del capital transnacional, etc. Los calificativos son amplios y hacen fila en mi pensamiento, aunque hay varios que se repiten incansablemente. Quienes los pronuncian creen ingenuamente que nos descalifican, que su palabra es lo suficientemente fuerte para traerse al liberalismo al piso y darle de patadas. Insisto: es una actitud ingenua. Sobre todo porque se fundamenta en el desconocimiento; quienes critican al liberalismo es posible que nunca en su vida hayan sostenido un clásico liberal en sus manos, si acaso lo sostuvieron, no se lo leyeron, y posiblemente si se lo leyeron, no lo entendieron. Seguro dirán: ese liberal es un pedante, cree que no entendemos su ideología. Pero fuera de que en parte sí soy pedante, la verdad es que comprender un clásico liberal no es así nomás, lleva su tiempo, su dedicación, incluso su fascinación, pero quienes se tiran a leerlo de una forma malsana, negativa y prejuiciada no pueden llegar a comprender más allá de dos o tres páginas, lo demás les suena a neoliberalismo. Y ese es el otro calificativo en que nos encasillan: neoliberales.
Voy a dar una afirmación categórica de una vez: el neoliberalismo no existe, los neoliberales tampoco. Últimamente me he sentado a investigar sobre ese mito inservible que es el neoliberalismo. ‘Googleando’ se encuentra información hasta para echar para arriba, desde la más burda hasta la aparentemente más decente. Ni se diga si me pongo a buscar libros y artículos de revistas científicas: el neoliberalismo abarca más tinta que otros temas reales que son acuciantes para el ser humano. Incluso yo en su momento utilicé el “concepto”, absolutamente todos mis profesores en la universidad consideraban que el neoliberalismo existe, que es fuerte y aterrador, y así nos lo enseñaron. Puedo decir que dentro de amplias comunidades científicas la existencia del neoliberalismo es un sentido común al cual se introduce a los recién iniciados.
Mis investigaciones me llevaron a clasificar tentativamente a las personas que utilizan el neoliberalismo en dos grupos: en primer lugar los ingenuos, aquellos que utilizan el “concepto” por el simple hecho de que otros lo han utilizado, porque es aceptado por muchos científicos y profesionales y a partir de ello se logran entender; en segundo lugar los exacerbados, quienes de verdad, en el fondo de sus argumentos, consideran al neoliberalismo como la quinta esencia del mal humano, como el origen de todas las desgracias y las calamidades, como el apocalipsis inminente. Tristemente los primeros se dejan llevar por la marea irreflexiva reinante de los segundos.
Del neoliberalismo se dicen cosas varias. Por ejemplo se considera que es un modelo de desarrollo que prima al capitalismo salvaje de las multinacionales, o transnacionales, en detrimento de las grandes masas desamparadas que no les queda más que ser expoliadas por el “sistema” y morir. Se considera a los neoliberales como ese conjunto de economistas anónimos que llevaron a las crisis económicas de los últimos cuarenta años. Incluso yo escuché voces que con la última crisis dieron el grito de victoria pues se había comprobado que el neoliberalismo llegaba a su final. Hay quienes sostienen que los neoliberales son antidemocráticos (y mencionan a Pinochet), que además apoyan a ese monstruo del mercado, que no creen en la colectividad y por ello defienden la propiedad privada.
El “concepto” de neoliberalismo no es tal, para que un concepto sea útil debe poseer unas capacidad explicativa valiosa, que apunte a aquellos elementos centrales del fenómeno que se busca comprender. Un “concepto” que uso con cuidado es el de sociedad: dice todo y al mismo tiempo no dice nada. Y cuando se le agrega un adjetivo, tratando de dotarlo de fuerza, se cae en un atolladero parecido. Por ejemplo, quienes explican la desigualdad diciendo que se debe a que vivimos en una sociedad capitalista: se dijo todo y se dijo nada. Sobre el capitalismo, su origen, su devenir histórico, sus características, sus transformaciones, sus crisis, no se dijo nada; solamente que provoca desigualdad. Igual cuando se sostiene que la mujer se encuentra subyugada bajo la dominación masculina por el hecho de que vivimos en una sociedad patriarcal: se dijo todo y nada. En pocas palabras quedamos con una mano adelante y otra atrás, y con ambos pies petrificados en el camino del conocimiento. La construcción de conceptos para comprender la realidad no es gratuita, requiere su trabajo científico.
Pero con respecto al neoliberalismo se ha desarrollado una de las chifladuras más grandes de las ciencias sociales. El neoliberalismo no existe. Muchos piensas que la prosperidad, el bienestar y el Estado social anterior a los años ochenta fueron destruidos producto de un conjunto de economistas que venidos de Estados Unidos decidieron hacer fiesta con el gasto social y mandarlo todo al traste. Esta explicación les parece válida, pero no toman en cuenta que los ajustes estructurales que se realizaron en nuestros países son fruto de unos déficits fiscales que dan miedo, de unos Estados que creciendo a proporciones paquidérmicas y derrochando sin sentido en medio de la corrupción llevaron a crisis incontenibles. Todos los gobiernos latinoamericanos se sumergieron hasta el cuello porque quisieron, no porque el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional les haya puesto un revolver en la cabeza a los políticos y los haya llevado a firmar acuerdos injustos. Ningún gobierno estuvo obligado a transar con estas instituciones, pero la situación estaba tan fea que no había de otra.
Al final las “reformas liberales” no fueron tales, primó el corporativismo, unos mercados se liberaron y otros se regularon a favor de unos grupos u otros, la privatización de instituciones públicas fue un festín para quienes dentro de los gobiernos deseaban adquirirlas o lucrar indebidamente a partir de ellas. ¿Y los neoliberales? Por ninguna parte, muchos de quienes llevaron a la insostenibilidad del famoso Estado del Bienestar eran personas venidas de las filas que de una u otra manera se denominan socialistas. Un liberalismo de nuevo cuño, un neoliberalismo, no ha existido, han existido sí otras cosas que todavía no se logran llamar con conceptos confiables y explicativos. Aquí en Costa Rica no encuentro un solo gobierno liberal en las últimas décadas. Un gobierno que libere la economía para todos y cada uno de los individuos, un gobierno que no gaste ineficientemente, un gobierno que no sea corrupto, un gobierno que reconozca a las minorías y les de sus derechos dentro de un sistema democrático, un gobierno que no discrimine, un gobierno que respete a los empresarios y no les dé ventajas a unos en detrimento de otros empresarios y de los consumidores, etc. En fin, un gobierno liberal, yo no lo he visto.
Los neoliberales: no existen. Que “concepto” más inútil. Es ese mito inservible que viene años mencionándose, pero que en nada nos ayuda; y para que sea el colmo, a nosotros, los liberales, nos encasillan como neoliberales. Una chifladura total.

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