Un episodio

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Por: Diego Segura Cano
Columnista del Instituto AMAGI
Imaginémonos un episodio, un hecho imaginario pero en el cual podemos detectar mucho de verdad. Vienen dos personas, un liberal y un socialista. Cada uno lleva en sus brazos unos libros icónicos de su tendencia política, ambos se consideran medianamente formados intelectualmente aunque tienen claro que les falta mucho camino por recorrer. Durante algunos años han tenido su activismo político y se consideran parte de la política nacional. La verdad ambos individuos son personas bienintencionadas, creen fielmente que su perspectiva de la vida y la sociedad es la correcta, o medianamente correcta, para que los y las ciudadanas de su país alcancen un mayor nivel de bienestar y felicidad.
Se encuentra esperándolos un ciudadano o una ciudadana cualquiera, que el lector escoja el sexo del interlocutor (o interlocutora) del liberal y el socialista. El liberal llega y dice: Eres una persona libre, con una gran cantidad de capacidades y cualidades con las cuales puedes sobresalir y alcanzar un mayor bienestar. El socialista replica diciendo: Eres una persona que desde siempre ha sido explotada.
Paremos la conversación, ya desde aquí la cosa parece ir mal. A quién le vaya a hacer caso la persona depende de su historia de vida. Si la persona considera que ha sido víctima de algún tipo de explotación en la vida, y guarda una gran cantidad de resentimientos con respecto a eso, el desenlace ya está cantado: el socialista nos va ganando. Y pues no es que los liberales nunca hayan sido excluidos, o explotados o alguna palabra así macabra, sino que se enfocan más en sus posibilidades que en sus resentimientos. Pero bueno, seguimos el episodio
Liberal: Con el libre mercado puedes entrar a competir con todas tus capacidades y sobresalir.
Socialista: El libre mercado va a dar paso a las transnacionales que quebrarán todas las empresas nacionales, y cuando consideren que eres irrelevante se van a ir en tropel a India.
Seguimos mal. Vamos bastante mal. Si en primera instancia el socialista logró captar la atención de la persona X apelando a su explotación y a sus resentimientos de infancia, diciendo que van a llegar las transnacionales a destruirlo todo, ya nos ganó. El liberal que creyó que su argumento era contundente, se le está viniendo abajo.
La conversación va a seguir, el liberal bienintencionado va a explicar en qué consiste el mercado y cómo es el mejor medio de ordenamiento espontáneo de la actividad económica. El socialista va a seguir argumentando sobre las transnacionales, mencionando marcas y datos de miles de personas desempleadas.
En un momento clave, el liberal suelta la estocada.
Liberal: No debes pagar tantos impuestos.
Socialista: Y entonces no vas a tener Seguro Social.
Y el socialista nos mató. Hemos sido aniquilados. Claro, obvio tenemos buenos argumentos para contrarrestar al socialista. Pero el socialista es muy “jugado” se las sabe de todas, todas, y de buenas a primeras soltó un argumento que asustaría a cualquiera: adiós la seguridad social.
La verdad lo que acabo de redactar es una fábula y una burla. Jamás un liberal va a argumentar y a discutir de esa manera. Pero quiero recalcar el hecho de que a veces nuestra capacidad de convencimiento decrece, que no nos sabemos dar a entender correctamente, y que otras veces las cosas que decimos no son entendidas puesto que chocan con prejuicios y chismes. Y si a una falta de claridad aunamos a un socialista a la par hablando y hablando, un sindicalista de colmillo que podría tener un doctorado en oratoria y gestualidad acertiva, que practica constantemente puesto que le roba cinco horas de trabajo diarias al Estado (pues para él trabaja) para andar haciendo “panfle” y hablando y discutiendo. La cosa iría bastante mal.
Debemos dedicarnos más a nuestra forma de divulgar las ideas. Las ideas liberales no son buenas, son buenísimas. Tienen una lógica demoledora y las conocemos bastante. Pero la comunicación es el ámbito donde libraremos la batalla más dura, la más ardua, y donde lo oradores socialistas nos llevan alguna ventaja.


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