Veritas: El populismo económico de Obama… y Santorum

La visión gubernamental de la economía puede resumirse en unas cortas frases: si se mueve, póngasele un impuesto. Si se sigue moviendo, regúlese, y si no se mueve más, otórguesele un subsidio.” Ronald Reagan

EDITORIAL

El Presidente de Estados Unidos, Barack Obama y el candidato presidencial republicano Rick Santorum quizá discrepen en materia de derechos civiles (y no es que Obama esté muy delante de él) y cuestiones religiosas, pueden discrepar un poco en política fiscal; pero en el corazón de su política económica son muy similares.

Obama y Santorum están haciendo campaña para conquistar al mismo grupo de votantes, los llamados blue-collars (trabajadores de “cuello azul”), que realizan comúnmente labores manuales en fábricas y talleres. En realidad no hay nada de malo en querer aplicar políticas que permitan a un país ser competitivo en el mercado manufacturero e industrial, tanto en el mercado nacional como en el internacional, la cuestión está en el cómo.

El consejo más básico a la hora de elaborar la política económica sería revisar los costos que artificialmente encarecen la producción en determinado lugar. Al parecer Obama y Santorum hicieron eso y entra tantas cosas que pudieron encontrar hubo una en particular, impuestos. Estados Unidos tiene una de las tasas marginales de impuesto corporativo más alta del mundo, además de un código impositivo que ocupa varios volúmenes. Eso, en efecto, representa una desventaja enorme para producir bienes manufacturados en ese país. Ahora bien, las soluciones que se han planteado sólo rayan en populismo.

Obama plantea reducir los impuestos –o crear incentivos fiscales, o incluso subsidiar, que para efectos prácticos es lo mismo– a aquellas empresas que decidan hacer un insourcing, o dejar sus operaciones de producción en otros países para regresar a Estados Unidos. Santorum proyecta recortar los impuestos a todas las compañías, sólo que a unas más que a otras. La tasa exclusiva para el sector manufacturero sería del 0%, según él.

Proviniendo de Barack Obama no hay mayor sorpresa. Su base política siempre ha sido amenazar con impuestos a unos y subsidiar a otros, normalmente a sus donantes de campaña como lo demuestra el presupuesto para el año 2013 que presentó hace poco. No obstante, que Rick Santorum promulgue esa idea resulta curioso, ya que él se dice admirador del Ex Presidente Ronald Reagan, quien creía fervientemente en que no debía existir favoritismo por parte de la ley. Al parecer algunos “fiscalmente conservadores” son tan manipulares de los mercados como los keynesianos, con la diferencia que estos lo hacen a través de recortes de impuestos y no de aumentos del gasto.

¿Y qué es lo negativo de esta política? Que aparte de ganar unos cuantos votos y exaltar el viejo nacionalismo, lo más probable es que esta distorsión tenga efectos negativos en el largo plazo. Facilitar los negocios para un sector y dejar los otros en condiciones peores (comercial, servicios) crea los incentivos para que un futuro hayan más manufactureros de los que la economía en realidad requería. Si esto en cambio se le hubiera delegado al mercado libre, se manufacturaría aquello que sea verdaderamente competitivo, se importaría lo que resultara barato y dado que las reglas son iguales para todos, no habría distorsiones que impidan la innovación en cualquier área. La diferencia entre regulación e intervencionismo es que la segunda espera resultados específicos y la primera sólo plantea que se puede y no se puede hacer.

¿Es malo que Estados Unidos no produzca directamente todo lo que consume? No, aunque en buena parte sí lo hace, las importaciones de China no representan un porcentaje tan grande como hace creer (menos del 3% del PIB). Por otro lado para consumir (de donde sea) primero hay que producir. Si se va a favorecer la producción en general, en buena hora; pero no a costa de aquellos que no tienen privilegios. 

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