Veritas: Entre lo público y lo privado en Chile

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EDITORIAL

Una sociedad que coloque la igualdad sobre la libertad, acabará sin ambas.” Milton Friedman

En el Instituto AMAGI, al igual que a los estudiantes chilenos, nos preocupa que las nuevas generaciones puedan tener una educación de calidad para mejorar sus condiciones de vida. No obstante, lo que en AMAGI nos preocupa son los afanes de estatizar la educación con el supuesto de que eso permitirá una “igualdad de oportunidades”.

Una sociedad de oportunidades, en alguno u otro sentido, forma parte de los valores liberales; sin embargo, lograr la “igualdad” en ese ámbito se puede tornar en una tarea peligrosa. No hay que mal interpretar, no es oponerse a que quienes tienen menores recursos obtengan una educación igual o mejor a aquellos que tienen más. Pero sí hay que ser sinceros en decir que lo que los liberales consideramos como una sociedad libre será, en efecto, desigual. Al permitir a las personas actuar con libertad unos llegarán a la meta más rápido que otros. Ese es precisamente uno de los temas de base del debate educativo chileno.

Muchos liberales están a favor de una educación pública que cubra los aspectos mínimos de la formación básica del individuo y esté en condiciones de convivir pacíficamente y seguir adelante con su vida; eso no significa, bajo ningún motivo, educación estatal. El sistema chileno público de primaria y secundaria opera bajo dos modalidades, establecimientos municipales y establecimientos privados subvencionados (con o sin fines de lucro). 

Un sistema público (del público, de todos) quiere decir que toma en cuenta las distintas preferencias de la sociedad y no solo la de los políticos, de los grupos de presión o de mayorías autoritarias. Bueno o malo para algunos, una porción importante de los padres de los estudiantes chilenos han decidido enviar a sus hijos a la modalidad privada. Según datos del 2009, el porcentaje de estudiantes chileno que asistían a la educación privada era de un cincuenta punto ocho por ciento (50,8%). Por su parte, Costa Rica es uno de los países con menor educación privada, apenas un once punto ocho por ciento (11,8%) de los alumnos nacionales utiliza ese sistema.

Hay una consideración importante que tomar. La realidad de fondo, entre lo público y lo privado en Chile, es un conflicto ideológico. Para aquellos con anhelos de un Estado grande –que cabe mencionar, es una forma de pensamiento respetable– es necesario un modelo más estandarizado. Nos hablan acerca del desfinanciamiento de la educación pública (estatal) a favor de la privada (subvencionada), como si el sistema fuera un fin en sí mismo. Aun así, fallan en determinar que estamos financiando al alumno, entonces el aumento o detrimento del presupuesto será en base de quienes ofrezcan la mejor calidad. Los estatistas siguen sin verlo así, en Costa Rica ya se puso un techo a las subvenciones a colegios experimentales, técnicos y otras modalidades.

Para quienes defendemos la filosofía de la libertad, hace falta un paradigma educacional libre y abierto. Un paradigma donde si bien pueden surgir desigualdades, permite la organización de aquellos que desean mejorar lo que no funciona sin tener que pasar por una oficina central, donde los que tengan la última palabra sean los padres y no los burócratas.

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