Veritas: Keynes contra los keynesianos

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Evitar los impuestos es el único esfuerzo intelectual que tiene recompensa.” John Maynard Keynes

EDITORIAL

A raíz del nuevo paquete tributario de impuestos y el visto bueno de los consejos de Paul Krugman (quién ha utilizado su renombre obtenido al ganar el Premio Nobel de Economía, conseguido por trabajos en materia de comercio internacional, para hacer propaganda a favor del Partido Demócrata) por parte de nuestras autoridades, en el Instituto AMAGI nos parece conveniente releer el manual keynesiano. Si esa es la teoría en la que la inspira el gobierno, la está aplicando completamente mal.

Keynes basó su teoría en rechazar la premisa que se le puede atribuir en primer lugar a la llamada: “Ley de Say” –del clásico economista francés Jean-Baptiste Say. Esta decía que la oferta crearía su demanda, para consumir primero hay que producir. Para Keynes podían darse momentos donde la demanda agregada se encontraría en un punto en el cual desestimularía toda la actividad económica, por lo que habría que tomar medidas contra-cíclicas. En otras palabras: la demanda crearía su propia oferta.

Con esto mente, Keynes formuló una serie de políticas para estimular la demanda y con las que se debería llevar la economía de vuelta a la vida. Eso quiere decir que era el momento para abrir el grifo y que el dinero empezase a fluir. Muy bien, entre sus sugerencias estaban aumentar el gasto público y/o recortar los impuestos que impedían mayor consumo por parte de los ciudadanos. Una vez que la crisis pasará, se debía cerrar el grifo. Y en esa última parte se debe hacer mayor énfasis, Keynes sabía que esto no gratis y eventualmente sería necesario que los contribuyentes lo pagasen. Pero bueno, en teoría la inversión del gobierno se enfocaría en aquello que pueda ser más productivo, la infraestructura es un ejemplo (tiende a sonar incluso como economía de oferta), y la deuda se empezaría a pagar a sí sola (o se reduciría en comparación con el tamaño de la economía) con el pasar del tiempo.
Hasta este punto puede sonar increíblemente razonable. Pero los keynesianos criollos (el gobierno y sus aliados del Plan Fiscal) no hicieron esto.

Keynes no abogó por enormes déficits permanentes. Es claro que eso llevaría a un exceso de deuda y todas las consecuencias que eso trae. Cuando se sabía que se iban a sentir los efectos de la crisis financiera en Costa Rica, el entonces Presidente Oscar Arias sin dudarlo recurrió al manual keynesiano, pero al parecer al le llegó una copia un tanto alterada. En un país donde está pendiente la reforma al Estado (en especial al empleo público) y que por tanto tiende a aumentar el gasto insosteniblemente de forma automática, Arias decidió que la mejor medida contra-cíclica era aumentar el número de empleados del gobierno en un 40% –y no vamos a tocar los detalles de a quienes se contrataron. En fin, evidentemente debido a una baja en la recaudación por la caída del el PIB y a las políticas aplicadas, el déficit fiscal se disparó a cerca de 7% del PIB ese año, habiendo disfrutado de superávit en el periodo anterior. Por cierto, nótese que Franklin Roosevelt (uno de los más memorables keynesianos) nunca tuvo un déficit fiscal superior al 5%.

En fin, dado que al parecer el gobierno insiste en que la crisis se acabó y ya no va a haber problema en aumentar impuestos, más bien deberían preocuparse por cerrar el grifo que abrieron en primer lugar. Esto no lo piensan hacer, pues argumentan que ya Paul Krugman advirtió que eso causaría desaceleración económica (basándose en supuestos “recortes” en Europa). Bien, una demanda que no se esté estimulada preocupa a los keynesianos. ¿Pero no tendría el mismo efecto un paquete de impuestos que obtiene su mayor recaudación de un impuesto al consumo? Enormes contradicciones por acá.

Y lo que se suponía temporal se hizo permanente. Se ha llegado al punto de decir que cualquier gasto es positivo en cualquier momento. Rompiendo ventanas “estimula” la economía. ¿Qué sería de los cristaleros si no se rompieran ventanas? La realidad es que es muy probable que el dinero que se usó para reparar, se hubiese usado en comprar cualquier otra cosa; efecto neutral para la economía desde el punto de vista de la demanda.
Seamos justos, Keynes fue un economista más brillante de lo que algunos liberales incluso estamos dispuestos a aceptar. Su teoría propone una solución para un problema particular (falta de demanda agregada), que se debía aplicar por un tiempo limitado. ¿Entonces, en qué teoría económica se basa el gobierno para su política fiscal?

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