Veritas: Privatizar, ¿es buena idea?

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“¿Para qué se privatizó? (…) se hizo para enriquecer a determinados intereses particulares, empresarios, compañías, o los propios detentadores del poder.” 
Mario Vargas Llosa

EDITORIAL

Si un opositor al liberalismo quisiese utilizar algún peyorativo en contra de los liberales los llamaría privatizadores, en América Latina el trasfondo de dicha acción es esencialmente negativo. Lo que es curioso es que eso en sí no tiene nada de malo. Es decir, la propiedad privada y el respeto a esta han sido pilares de todas las sociedades exitosas del mundo moderno. Entonces, ¿de dónde surge el temor a privatizar?

La realidad es que bajo las condiciones actuales, hasta los liberales están empezando a sospechar de las privatizaciones, y no es por cuestiones ideológicas como sí puede suceder con los socialistas, sino por la forma en que se han llevado estas a la práctica. En América Latina dichos procesos se han desarrollado con un carácter absolutamente mercantilista. ¿A qué nos referimos con mercantilismo? El término evolucionó de los mercaderes que solicitaban privilegios arancelarios al Estado, principal crítica de Adam Smith en su obra “La Riqueza de las Naciones”; hoy en día es utilizado para referirse a una situación donde el gobierno garantiza libre mercado para algunos, pero no para otros.

En su esencia, el mercantilismo es meramente anti-competitivo. Pongamos un ejemplo. En Perú, el gobierno de Alberto Fujimori consideró que la empresa estatal de telecomunicaciones no iba a dar la talla para suplir la creciente demanda. Su solución fue vender la entidad a inversionistas extranjeros, donde el Estado haría alguna clase de contrato con objetivos definidos. En consecuencia, un monopolio estatal se convirtió en un monopolio privado. Los resultados, que ya eran predecibles, fueron abusos por parte del consorcio hasta que eventualmente se abrió el monopolio. En estas condiciones, era claro que los peruanos empezarían a resentir las privatizaciones, aunque estas no fueran libre mercado, sino mercantilismo.

Ahora bien, cuando las privatizaciones no se hicieron por conveniencia o negocio, sino por principio y como parte de una idea para mejorar la oferta de bienes y servicios, la historia ha sido distinta. En Guatemala, las telecomunicaciones estaban condenadas a sufrir el mismo camino que en Perú; no obstante, al final decidieron por optar por autenticas soluciones de mercado. El gobierno guatemalteco aprobó una apertura que permitía el ingreso de prácticamente cualquier competidor. Hoy en día este mercado se ha vuelto tan competitivo que la penetración de telefonía móvil supera el 100%, los precios son de los más de la región y muchos pequeños comerciantes pudieron mejorar su situación.

En Europa existen otros buenos ejemplos exitosos en esta materia. En Inglaterra, el gobierno de Margaret Thatcher fue conocido por haber privatizado una serie de compañías estatales; sin embargo, son pocos los que han profundizado en que significó esto. Thatcher deseaba una nación de propietarios, así que las empresas fueron vendidas a los mismos ciudadanos. La tenencia de acciones aumentó en más de 100% después de este proceso. Aun así, en el caso de las utilidades públicas (agua, electricidad, gas), el Estado sí conservó un 49% del total, a fin de representar los intereses de quienes no fueran propietarios. Esta mezcla resultó particularmente exitosa pues no se dejaron monopolios en condiciones no-competitivas y los usuarios terminaron siendo empoderados con la tenencia de una parte de quien provee sus servicios diarios, ergo estaban particularmente interesados en que se ofreciera un buen servicio.

En la anterior Checoslovaquia se aplicó otra medida que buscaba un fin similar. En este caso, acciones o ‘vouchers’ fueron repartidas equitativamente entre todos los ciudadanos, con el fin de que estos tuvieran el control de los servicios públicos que utilizaban.

Privatizar, ¿es buena idea? Sí, siempre y cuando esto signifique mayores opciones y mejores servicios (a través de la fiscalización participativa) para los ciudadanos. Como ya se ha mencionado, lamentablemente esa no ha sido la realidad para muchos países latinoamericanos. Las distintas corrientes liberales, de las más radicales a las más moderadas, tendrán métodos distintos para cumplir con los objetivos descritos, algunos no consideran necesario privatizar servicios que otros sí; sin embargo, de nuevo lo importante es examinar la lógica que hay detrás de cada caso particular.

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