Veritas: ¿Qué hay detrás de los colegios profesionales?

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EDITORIAL
El Instituto AMAGI se ha pronunciado fuertemente en contra de los distintos monopolios que nuestra legislación ha creado. Al impedirse la competencia no existe ningún control sobre la calidad y precio del bien o servicio por parte del consumidor, así que este queda a merced del productor. Pero incluso, detrás de lo que alguna vez fueron los monopolios de telecomunicaciones y seguros, o el actual de combustibles, hay otro que perjudica diariamente no sólo a los usuarios, sino a los competidores de baja experiencia. Esos son los colegios profesionales.
En Costa Rica, con contadas excepciones, graduarse de la universidad no es sinónimo de que la persona ahora es libre de ejercer su profesión. Después de eso, aun le resta la angustiosa tarea de sumarse a su colegio profesional, del cual sólo existe uno. Para algunos eso significa hacer un examen, para otros nada más presentar papeleo, pero el ingreso es tan sólo la base de ese esquema.
El nuevo profesional se dará cuenta de que está muy limitado en su actuación por la normativa del colegio. No puede vender sus servicios a un precio inferior al que establece la misma institución, algunas veces tampoco a un precio menor. Entonces, si es nuevo y desea adquirir experiencia no le será sencillo y si es ya es reconocido tampoco podrá aspirar a una mejor remuneración por su trabajo. Por otra parte, los directivos pueden incluso tratar de ponerse en el camino de prometedores jóvenes a fin de que no los muevan de allí y quedarse con las mejores oportunidades.
En sí, estos colegios parecieran haber sido organizados con el fin de bloquear, en lugar de ayudar. Los cuestionamientos no se quedan allí. Estos entes incluso terminan teniendo el monopolio moral de decidir que está bien y está mal en la actuación de sus afiliados. Lo anterior provocando que exista un cuerpo de “ayatolas” que al final utilizan los contactos políticos con otros fines.
La realidad es que no es una organización monopolística y de dudosa administración la que debe decidir el futuro de un profesional, sino sus clientes, sus empleadores, sus colaboradores. Volver completamente voluntarios los colegios profesionales no sólo es constitucional (a nadie se le puede obligar a formar parte de una asociación), sino que beneficiaría profundamente nuestra economía.
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  • roche
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  • roche
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    Estoy totalmente deacuerdo con este post, pero creo que hay que tomar la carga cultural costarricense también,
    Los colegios funcionan gracias al reconocimiento estatal (en la esfera privada son descartables) por lo que procuran ser parte ensencial en el mercado, carteles solicitando incorporados para poder llegar al Estado transformado en santo grial, esto es devastador si tenemos encuenta que las industrias privadas costarricenses dificilmente generan proyectos de grandes presupuestos para oferentes que necesitan de ellos para continuar con su negocio o emprender.

    Los que ofertan servicios necesitan del Estado para alcanzar esos presupuestos de ‘Primeras Ligas’ como lo llaman en Liberación Nacional, Y los colegios se aprovechan de eso para ser justamente cobrar peaje.

    Al final Los Colegios de Profesionales son quellos encargados de suministrar una supuesta harmonia a las tarifas, da consejo al profesional y concordia a la oferta y demanda, un sentimiento muy sovietico arraigado en la mente constarricense, y para ejemplo los dos últimos intentos de Colegios Profesionales, el ‘Colegio de Artistas’ y el ‘Colegio de Diseñadores Gráficos’, donde definen quien es profesional en el area, y que tarifas se deberían cobrar como medio para controlar los precios del mercado.

    Muy pocos colegios generan algún tipo de riqeza material o intelectual, son una llave de paso nada más, tramitologos y burocratas en su accionar.

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