Veritas: ¿Quién defiende a los consumidores?

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EDITORIAL

Ustedes no tienen el derecho de invocar los intereses del consumidor. Cuando se les ha encontrado opuestos al productor, en todas las circunstancias los han sacrificado.” Frédéric Bastiat

¿Quién defiende al consumidor?” era el título de uno de los capítulos de la serie televisada Free to Choose del economista Milton Friedman.

Friedman argumentó que es la competencia, y no la regulación gubernamental, la que al final permite que los consumidores obtengan productos de mejor calidad y a menor precio. Las fuerzas de la oferta y la demanda no son novedad para los liberales, parecen naturales a los conservadores y finalmente fueron entendidas por los socialdemócratas, pero aun así se siguen gestando atentados contra los consumidores. ¿Cómo es esto posible?

Lamentablemente parece que los intereses particulares y los grupos de presión se han infiltrado de manera profunda en la política, que es al final la forma de tomar decisiones que nos afectan a todos. Tampoco estamos siendo profetas, la mayoría de las personas así lo puede sentir. Sin embargo; los costarricenses siguen sin darse cuenta de situaciones que les afectan su vida cotidiana.

El Ministerio de Comercio Exterior (COMEX) estaría negociando un Tratado de Libre Comercio (TLC) con países como Noruega. Y dice COMEX: claro, las economías se complementan, así que reducir aranceles será positivo. Es un hecho que no hay nada de malo en que algunos costarricenses puedan disfrutar de finos productos europeos más baratos, pero eso no es ampliar la competencia, es sencillamente eliminar una barrera que nunca tuvo que existir en primer lugar.

¿Pero por qué no un TLC –o reducción unilateral de aranceles– con Colombia que está a tan sólo dos horas en avión? Según COMEX, ambas economías compiten. ¡Eureka! ¡Obvio que compiten! Ese es todo el punto del libre comercio. Las ventajas de dicha libertad van desde el mantenimiento de condiciones pacificas hasta el beneficio de los consumidores nacionales (expuestas por personajes tan distintos como Adam Smith o el socialista argentino Juan B. Justo).

¿Se afectaran productores nacionales? Es posible, pero los ganadores siempre serán más, 4 millones y medio de consumidores. Lo que sucede es que los consumidores no tienen lobby, no son un grupo organizado y por tanto sus peticiones no son escuchadas por COMEX. Así entonces un ex ministro se pone el sombrero de los arroceros y los costarricenses (en especial los más pobres) pagan uno de los arroces más caros del mundo.

Friedman no creía que un gobierno que controlará dichas decisiones sería positivo para las personas, precisamente por dicha presión ejercida por intereses particulares. ¿Quién defiende a los consumidores? Es difícil decirlo, lo que es posible aseverar es que los productores (aunque digan lo contrario) tienen buena representación en el gobierno.


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